AROLIA
(Tiroteo – Espejo – Sacerdote)
El tiroteo me tranquilizó. Ya sé que es raro, pero lo hizo. No es fácil matar aun sacerdote, con su presunción de representante de dios, dios, qué dios. Me observé en el espejo y me vi. Me vi de verdad, como soy. Un unicornio azul perdido que ya no proporciona esperanza al mundo y que ha decidido matar, matar la esperanza que estaba destinado a repartir. Nadie acaricia mi lomo azul, la suerte decidió ponerse de parte de ellos, de los sacerdotes. Por eso serán los primeros en morir. Lo contaminaron todo, obligaron a que la gente no creyera en nosotros, los unicornios. Los encargados de repartir ganas de vivir cada vez que amanece. Somos el silencio, la poesía, y nos han reducido a esto, a meros adornos en una salita sobre la tele. Muerte a ellos. A todos. Soy el último unicornio.
EL ESGUINCE DEL LINCE
(Tiroteo – Espejo – Sacerdote)
Señor perdóname.
El retrovisor mostraba signos de edad. Manchado y deslucido dejaba ver los restos de la carretera como en una de esas películas en superocho. Matías agarraba el volante con ambas manos clavando sus uñas.
A mi edad, pensaba. A mi edad y con sotana. Siendo estrictos que un sacerdote circulara en sentido contrario a 140 era cuando menos algo insólito.
Volvió a fijar sus ojos grises en el espejo.
Dios perdóname por que se perfectamente de que va todo esto.
Soltando la mano izquierda busco bajo la sotana y encontró un colt. Hizo ángulo con su codo y disparó hasta quedarse sin balas. El tiroteo se sigue recordando hoy día en le barrio. De Matías el sacerdote, ni idea.
CASTELL YOUNG
(Promesa – Cojo – Locura)
Hay días que parecen hechos para el enemigo. Este, sin ir más lejos. Elsa se fue está mañana al sur, resbalando en lágrimas negras hacia el abismo. La dejé con los bolsillos llenos de blues, enredado en negocios callejeros. Y al mediodía el gato del vecino… y por la tarde… y ahora, esta noche de Karisma y sus vaticinios, me augura tres palabras. Con ninguna tengo problemas. ¿Promesas? Nunca cumplí ninguna promesa. ¿Cojo? Que se lo digan a mi talón de Aquiles. Y ¿locura? Aleluya. Es lo mío. De remate, y ahora una dama. Me acusarán de violencia de género, otra vez. Prefiero perder. No peleo con mi sombra.
MUSIDORA
(Promesa – Cojo – Locura)
DIAGNÓSTICO
A Ximena Rosales le pesaban las ideas. Alertada, acudió al doctor Agudo, un naturópata cojo experto en el noble arte de la sanación. El doctor le palpó las inflamadas sienes, realizó un cómputo de sus canas y escudriñó sus más furtivos pensamientos. “No tema” le dijo. “Lo que usted presenta es la sintomatología clásica de un TA: Trastorno por Acumulación. Sucede cuando el individuo es incapaz de olvidar, y su cerebro se convierte en un vertedero de recuerdos sólidos”
En efecto, allí permanecían, soterradas, las memorias evocadas por los objetos más inverosímiles: tickets de la compra, aquella vieja promesa incumplida, episodios de locura adolescente, hematomas en la espalda.
Para sanar, era preciso retornar gradualmente hacia el olvido. Y Ximena empezó a atesorar recuerdos cada vez más incorpóreos, más etéreos, pero igualmente intensos: como el aire que atraviesa las medias de rejilla, como los espacios en blanco del poema, como el silencio que acontece tras el punto y final.
LA MANO NEGRA
(Estrella – Taxista – Anuncio)
OK. ¿Entonces aquí termina mi trayecto?
Pensé que duraría algo más. En tal caso dado lo poco que me queda seré franco y directo. Que menos para mi epitafio.
Hice mal en crearte, mala estrella el día que se me ocurrió inventarte. Mala vida desde entonces, para ti y para mí. No sabes la guerra que me has dado. Irónico y prepotente; te has multiplicado como virus por mis dominios. Insultado y vejado he sido por todos tus herederos. Mil nombres han plagiado mi creación. Más de una anuncio has recreado mi nombre en vano, quizás, para redimir tus pecados. Yahvé, Buda, Mahoma te has bautizado. Que horrible pecado he cometido. Y ahora me entrego a tus manos, en manos de mi creado.
Deux ex Machina, he aquí todo. Ciao.
NEGROPONTE
(Estrella – Taxista – Anuncio)
Estrella, taxista anuncio (Lucha libro, 2012)
La estrella del rock había muerto aquella noche. El Teniente Wallace bajó del coche y le dio los diez dólares al taxista.
-¿No ha visto el anuncio?
El taxista le señalo la tarifa nocturna.
-Hay un muerto ahí arriba, amigo. No me he levantado de la cama para pagar propinas.
Arriba estaba el cadáver de Gloria Linor. La mujer por la que la mitad del mundo había cambiado de sexo. Estaba asfixiada con un sujetador rosa y bajo la mesilla había una nota de suicidio.
El cabo se la dio al teniente:
-No es un suicidio dijo Wallace.
Abrió la ventana y echó un vistazo a la ciudad, hacia los muelles de la muerte.
-Nadie se suicida en Nochevieja, amigo mío, menos la princesa del rock duro, ella hubiese elegido el día de Navidad.
LA VENADITA
(Moneda – Mensaje – Fiesta)
Ayer ocurrió. Fiesta en el barrio. Había corrido un mensaje por media ciudad. Un par de monedas y era tuyo, decía el mensaje. Pero, ¿qué?
Fuimos todos un poco por curiosidad, y un poco, es cierto porque no teníamos nada más que hacer. A lo mejor había chicas, a lo mejor había drogas…
Lo cierto es que nos encontramos algo muy diferente. Nada nos había preparado para ello.
Legamos todos bonitos con nuestras zapas nuevas, nuestra actitud gallito-pero-paso. Una primera copa, dos, tres, cuatro. Música. Charleta.
Y de repente: Ocurrió.
¿Quieres saber qué? Mejor desconecta.
DESTRUCTOR SINTÁCTICO
(Moneda – Mensaje – Fiesta)
La puerta se cerró detrás de él con un sonoro portazo. La fiesta poco a poco se apagaba, se encontraba en el tejado del hotel Montecito y su corazón posiblemente saldría del pecho. En su bolsillo se encontraba la moneda de la suerte que llegaba siempre consigo. La lanzo al aire y salio cara. Dicho y hecho comenzó a correr, alguien le perseguía no debía perder mas tiempo. A medio camino sonó la puerta y su paso se apresuró. Sus pasos se apagan, llega al fin de su camino, la cornisa le frena y el vació se muestra ante él. La silueta que le persigue se muestra, comunicándole que tiene un mensaje. Sonriente con cara de pocos amigos nuestro protagonista se gira dando la espalda al vacío. La carcajada inunda las vegas y sonríe. Abre sus brazos en forma de cruz y grita, No podrás cogerme nunca, dile a tu jefa que a partir de ahora me llame el inmortal. Salta como si de un ángel se tratase. Su vida infinita esta ante el.
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